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¿Compensación real o simple proporcionalidad? Las claves del nuevo Programa de Ayuda a Clubes de la FIFA para el Mundial 2026

Análisis15 junio 202618 Minutes

Cada vez que llega un Mundial ocurre algo parecido. Los aficionados celebran las convocatorias de sus jugadores, los seleccionadores confeccionan sus listas definitivas y los clubes asumen que durante varias semanas perderán a algunos de sus futbolistas más importantes. Eso sí, son los propios clubes los que asumen los salarios de sus futbolistas mientras compiten con su selección. Por ello, en medio de todo ello suele aparecer una pregunta que muchos aficionados —e incluso profesionales del sector— se hacen y que no siempre encuentra una respuesta clara: ¿los clubes cobran dinero de la FIFA por ceder a sus jugadores al Mundial?

La respuesta es sí. La FIFA lleva años compensando económicamente a los clubes que aportan futbolistas a la Copa del Mundo mediante el denominado Programa de Ayuda a los Clubes de la FIFA.  Sin embargo, detrás de esa respuesta aparentemente sencilla se esconde un debate mucho más complejo que vuelve a cobrar actualidad de cara al Mundial de 2026.

Y es que la FIFA —mediante la Circular nº 1965— ha anunciado recientemente una ampliación de este programa hasta alcanzar los 355 millones de dólares, frente a los aproximadamente 209 millones distribuidos con ocasión del Mundial de Catar 2022.

A primera vista, la cifra resulta llamativa y podría interpretarse como una muestra de la creciente voluntad de la FIFA de compartir con los clubes una parte de los beneficios generados por la competición.

Sin embargo, el contexto obliga a matizar esa impresión inicial. El Mundial de 2026 será el más grande de la historia. Por primera vez participarán 48 selecciones nacionales en lugar de las 32 habituales y el número de partidos aumentará de 64 a 104 encuentros. Habrá más jugadores convocados, más días de concentración, más desplazamientos, más carga física y, naturalmente, más ingresos para el organizador.

Por ello, la pregunta verdaderamente interesante quizá no sea cuánto dinero va a repartir la FIFA, sino si ese incremento representa una mejora real para los clubes o si simplemente constituye una adaptación lógica a un Mundial considerablemente más grande y rentable que todos los anteriores.

¿Por qué existe este programa?

Aunque hoy resulte relativamente normal escuchar que los clubes reciben una compensación económica por aportar jugadores al Mundial, lo cierto es que esta situación es bastante reciente.

Durante décadas, los clubes estaban obligados a liberar a sus futbolistas para las competiciones internacionales sin recibir contraprestación alguna. Mientras el fútbol movía cantidades relativamente modestas, el sistema apenas generó conflictos. Sin embargo, la progresiva profesionalización de la industria alteró completamente ese equilibrio. Los salarios crecieron, las inversiones en fichajes se dispararon y los jugadores pasaron a convertirse en activos de enorme valor económico para sus clubes.

Paralelamente, la Copa del Mundo se transformó en uno de los eventos deportivos más rentables del planeta. Cada edición generaba más ingresos por derechos audiovisuales, patrocinadores y acuerdos comerciales, alimentando una sensación cada vez más extendida entre los clubes: ellos asumían los costes y los riesgos, mientras la FIFA concentraba la mayor parte de los beneficios.

Las tensiones alcanzaron su punto máximo a principios de los años 2000. Organizaciones como el G-14, antecedente de la actual Asociación Europea de Clubes (ECA) —aunque recientemente ha vuelto a modificar su denominación a European Football Clubs—, comenzaron a cuestionar abiertamente un sistema en el que los clubes perdían temporalmente a sus jugadores sin recibir compensación alguna y seguían soportando las consecuencias cuando alguno regresaba lesionado.

El punto de inflexión llegó con el conocido caso Charleroi, originado tras la grave lesión sufrida por Abdelmajid Oulmers mientras disputaba un encuentro internacional con la selección de Marruecos. Aunque el litigio nunca llegó a resolverse mediante una sentencia definitiva, sí consiguió algo probablemente más importante: obligó a la FIFA y a los clubes a sentarse a negociar.

El resultado fue un cambio de paradigma. La FIFA asumió progresivamente que resultaba difícil sostener un sistema en el que los clubes soportaban todos los riesgos asociados a la cesión de jugadores mientras las competiciones internacionales generaban ingresos cada vez mayores. De aquellas negociaciones nacieron los actuales Programas de Ayudas y Protección de Clubes.

Por eso conviene entender que el Programa de Ayuda a los Clubes de la FIFA no es una medida de solidaridad en sentido estricto ni una concesión unilateral de la FIFA. Su origen se encuentra en una larga negociación política destinada a equilibrar —al menos parcialmente— los intereses económicos de quienes organizan el torneo y de quienes aportan a sus principales protagonistas.

¿Qué cambia en el Mundial de 2026?

La principal novedad es evidente: la FIFA incrementará de forma significativa la cantidad destinada a compensar a los clubes que aporten jugadores a las selecciones nacionales.

Los aproximadamente 209 millones distribuidos con ocasión del Mundial de Catar 2022 pasarán a convertirse en 355 millones para la edición de 2026. Además, por primera vez el programa no se limitará exclusivamente a la fase final, sino que incluirá determinados encuentros clasificatorios, ampliando así el número de situaciones cubiertas por el sistema.

Ahora bien, tan importante como saber cuánto dinero se reparte es entender quién lo recibe y bajo qué criterios.

Cuando se habla de estas ayudas suele existir cierta confusión. El dinero no se paga a los jugadores ni a las selecciones nacionales. Los beneficiarios son exclusivamente los clubes a los que pertenecen los futbolistas convocados. En términos generales, la FIFA calcula una compensación asociada a los días que cada jugador permanece vinculado a la competición y distribuye posteriormente las cantidades correspondientes.

Esto explica por qué los grandes clubes europeos suelen concentrar una parte significativa de los fondos. Cuantos más internacionales aporta un club y cuanto más lejos llegan sus selecciones en el torneo, mayor suele ser la compensación recibida.

Sin embargo, una de las cuestiones más interesantes del nuevo sistema aparece cuando se compara con el modelo aplicado en Catar 2022.

En aquella edición, la FIFA adoptó una visión relativamente amplia de la compensación. El reparto no se vinculaba únicamente al club en el que militaba el jugador durante el Mundial, sino que también podía beneficiar a otras entidades en las que hubiera estado inscrito durante un determinado periodo previo. La lógica era sencilla: el rendimiento de un futbolista en una Copa del Mundo no es únicamente consecuencia del trabajo realizado por su club actual, sino también del proceso de formación y desarrollo experimentado durante años.

El programa aprobado para 2026 parece reforzar una filosofía distinta. Aunque mantiene determinados mecanismos correctores para situaciones específicas, el protagonismo recae cada vez más sobre el club que efectivamente libera al jugador para participar con su selección.

Desde un punto de vista práctico, el planteamiento resulta perfectamente defendible. Es el club actual quien pierde temporalmente al futbolista, quien continúa soportando buena parte de sus obligaciones contractuales y quien asume las consecuencias deportivas derivadas de una eventual lesión o de la acumulación de carga competitiva durante el torneo.

Sin embargo, la cuestión admite también otra lectura. Si la compensación pretende reconocer la contribución de los clubes al éxito del Mundial, cabe preguntarse si esa contribución comienza realmente cuando el jugador recibe la convocatoria o si, por el contrario, se construye durante años de formación y desarrollo deportivo.

En el fondo, la discusión es relativamente sencilla de formular: ¿debe cobrar únicamente el club que libera al jugador o también aquellos que participaron de forma decisiva en su evolución?

Probablemente existan discrepancias en cuanto a la respuesta, pero la forma en que la FIFA responda a esa pregunta determina buena parte de la filosofía que inspira el programa.

¿Una compensación realmente mayor o simplemente un Mundial mucho más grande?

A primera vista, resulta difícil discutir el mensaje que la FIFA ha querido transmitir. Pasar de aproximadamente 209 millones de dólares en Catar 2022 a 355 millones para el Mundial de 2026 supone un incremento cercano al 70%. Expresado de esa forma, parece evidente que los clubes recibirán más dinero que nunca. Y, en términos absolutos, es cierto.

Sin embargo, las cifras aisladas rara vez cuentan toda la historia:

Para valorar adecuadamente este incremento resulta necesario observar el contexto en el que se produce. El Mundial de 2026 supondrá una transformación profunda del propio torneo. Participarán un 50% más de selecciones nacionales y se disputarán más de un 60% de partidos adicionales respecto a Catar. Habrá más futbolistas convocados, más días cubiertos por el programa y una utilización significativamente mayor de los jugadores pertenecientes a los clubes.

Desde esta perspectiva, la pregunta cambia por completo. Ya no se trata únicamente de determinar si la FIFA repartirá más dinero, sino de analizar si la compensación crece realmente por encima de la expansión experimentada por el propio Mundial.

Durante años, los clubes han defendido que la compensación debe guardar relación con la utilización efectiva de sus futbolistas. Si el torneo crece, si participan más jugadores y si la cesión se prolonga durante más tiempo, parece razonable esperar que la remuneración también aumente de forma proporcional.

Desde la perspectiva de la FIFA, el incremento resulta perfectamente defendible. Nunca antes se había destinado una cantidad semejante a compensar a los clubes y, además, el programa incorpora encuentros clasificatorios que anteriormente quedaban fuera del sistema.

Sin embargo, desde la óptica de los clubes el análisis puede ser distinto. Porque el Mundial de 2026 no sólo será el más grande de la historia desde un punto de vista deportivo. También será, previsiblemente, el más rentable.

Las previsiones económicas apuntan a ingresos récord procedentes de derechos audiovisuales, patrocinios y explotación comercial. El crecimiento del torneo no responde únicamente a una voluntad deportiva de ampliar la participación internacional, sino también a una evidente expansión del producto desde una perspectiva empresarial.

Y es precisamente ahí donde reaparece el debate que dio origen a este tipo de programas hace más de una década. Los clubes siguen siendo quienes desarrollan, contratan y pagan a los futbolistas que constituyen el principal activo del espectáculo. Son ellos quienes asumen los costes estructurales del sistema durante los cuatro años que separan una Copa del Mundo de la siguiente. Sin embargo, cuando llega el momento de monetizar ese producto a escala global, la mayor parte de los ingresos continúan concentrándose en manos del organizador.

Por supuesto, nadie discute que la FIFA deba beneficiarse económicamente de la competición que organiza. Lo que algunos cuestionan es si la proporción en la que se redistribuyen esos beneficios refleja realmente la contribución que realizan los clubes al éxito del torneo.

No obstante, cuando se desciende al detalle del mecanismo de cálculo, aparecen algunos matices interesantes. El informe oficial del Programa de Ayudas a los Clubes correspondiente al Mundial de Catar 2022 señala que los 209 millones distribuidos se tradujeron en una compensación aproximada de 10.950 dólares por jugador y día de participación en la fase final del torneo.

En cambio, la documentación publicada para el Mundial de 2026 establece una cantidad mínima de 5.000 dólares por jugador y día. Aunque ambas cifras no son directamente comparables —entre otras razones porque el nuevo programa amplía su ámbito de aplicación más allá de la fase final y la propia FIFA habla de una cuantía mínima susceptible de incremento—, la diferencia resulta suficientemente llamativa como para preguntarse si el aumento global anunciado se traducirá necesariamente en una mejora equivalente para cada club o jugador considerado individualmente.

Resulta difícil sostener que una compensación de 355 millones de dólares sea meramente simbólica. Pero también parece legítimo preguntarse si ese incremento representa una auténtica redefinición del reparto económico o si, simplemente, acompaña el crecimiento natural de un Mundial que será más largo, más grande y mucho más rentable que cualquiera de sus predecesores.

Una aclaración importante: el programa de protección de clubes

Antes de concluir, conviene diferenciar este programa de otro mecanismo que suele generar cierta confusión: el Programa de Protección de Clubes de la FIFA.

Aunque ambos sistemas persiguen proteger los intereses de los clubes frente a las competiciones internacionales, su finalidad es completamente distinta. El Programa de Ayudas compensa económicamente la cesión de jugadores, mientras que el Programa de Protección funciona como un sistema asegurador destinado a indemnizar a los clubes cuando un futbolista convocado por su selección sufre una lesión durante los periodos cubiertos por la FIFA.

De hecho, la Circular nº 1961 de FIFA amplió recientemente la cobertura de este último programa, incluyendo determinados encuentros preparatorios y partidos disputados durante el periodo internacional previo al Mundial.

Conclusión

El nuevo Programa de Ayudas a Clubes aprobado para el Mundial de 2026 confirma una tendencia que lleva años consolidándose: la FIFA reconoce cada vez más la necesidad de compartir parte de los beneficios generados por sus competiciones con los clubes que aportan a sus principales protagonistas.

Los clubes recibirán más dinero que nunca —o eso pretende aparentar la FIFA— y el sistema cubrirá más partidos y más futbolistas que en cualquier edición anterior. Sin embargo, el Mundial de 2026 también será el más grande y rentable de la historia.

Por ello, la verdadera cuestión ya no parece ser si los clubes tienen derecho a participar en los beneficios generados por la Copa del Mundo. Esa discusión quedó atrás hace tiempo. El debate actual consiste en determinar cuál es la parte justa que les corresponde dentro de un negocio que continúa creciendo a una velocidad sin precedentes.

Y, a juzgar por la evolución de estos programas durante los últimos años, todo apunta a que esa discusión seguirá acompañando al fútbol internacional mucho después de que termine el Mundial de 2026.

 

Abel Guntín
Abogado especializado en Derecho Deportivo